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Murió Juan Pablo Sánchez

La triste noticia sorprendió a todos. A los 37 años murió el ex jugador mendocino Juan Pablo Sánchez. Como contó Salto inicial y diario La Capital “falleció este miércoles por la tarde en Mar del Plata, por un paro cardíaco en la puerta de la Clínica Colón, adonde había ido a atenderse minutos antes por un cuadro de vómitos.

Según amigos suyos, el mendocino, radicado hace más de dos décadas en Mar del Plata, se sentía mal desde el martes, con dolor de garganta y malestares estomacales. Este miércoles se sintió mejor por la mañana y hasta pensó en ir a trabajar. Pero lo pensó mejor y se quedó en su casa. Cuando reaparecieron los vómitos, fue a atenderse a la Clínica Colón, donde le aplicaron una inyección de Reliveran. Cuando se retiraba de ese establecimiento, se produjo el deceso.

Sánchez, un ayuda base muy prometedor en su etapa formativa, llegó de Mendoza a Unión de Mar del Plata. Luego el “Negro” Carlos Romano lo hizo debutar en la Liga Nacional en la temporada 2000/2001 y en Peñarol estuvo tres temporadas. Cuando se terminaba el préstamo de tres años, el club “milrayitas” no estaba en condiciones de pagar lo que pretendía Unión por el jugador y terminó recalando en Quilmes.

De familia de basquetbolistas era hermano de Diego Sánchez, ahora DT y de Carolina Sánchez, que juega en Italia.

Integró varios seleccionados de Mendoza en campeonatos argentinos y con mucho pesar y dolor, la Federación de Básquetbol de Mendoza le envía un consuelo a su familia.

Juan Pablo Sánchez en Quilmes con el DT Huevo Sánchez.

Cuando se retiró en 2010

Pick and Roll pulicó la siguiente nota en el momento del retiro, a los 27 años:

Juan Pablo Sánchez anunció su retiro del básquet profesional. El mendocino, de 27 años, expresó que “venía acumulando un gran desgaste mental”. Pasó por Quilmes y Peñarol en equipos de Liga Nacional y su último paso fue en Asociación Italiana de Charata en el TNA.

Juan Pablo Sánchez comenzó a jugar al básquet a los 5 años en Mendoza. Su pasión por la “anaranjada” se despertó al ver en acción a sus hermanos. Y a sus 14 años, el destino lo cruzó con Daniel Frola, que lo evaluó en su campus y lo eligió para que se sume a Unión de Mar del Plata. Sus incansables piernas para defender en el perímetro y su versatilidad para ocupar los puestos de la media cancha llamaron la atención de Peñarol. En el “Milrayitas” debutó en la Liga Nacional a los 18 años y exhibió sus condiciones, pero por una cuestión económica debió cambiar de vereda.

Fue en Quilmes donde encontró su lugar en 2003: se ganó el cariño de la gente y la titularidad con Alejandro Pepiche. Con altibajos, se identificó con el “Cervecero” y se mantuvo cuatro temporadas hasta que partió a Neuquén en 2007 para jugar en Independiente. Luego pasó por Lanús, Boca y su última participación, en la temporada pasada, tuvo lugar en Asociación Italiana de Charata (Chaco), en el TNA.

A pesar de su largo recorrido en el básquet, “Juampi” nunca retomó el nivel que supo mostrar en Quilmes. La cuestión anímica se transformó en su principal rival y su rendimiento se fue en picada. En los últimos años, en lugar de jugar, padeció. Y con tan sólo 27 años, desgastado por las circunstancias, tomó la decisión que anunció ante el grabador de El Atlántico“Hablé con mi señora, que me apoyaba en cualquier decisión, y me incliné por no seguir jugando en forma profesional. Lo voy a seguir practicando pero desde un lugar más tranquilo, sin presión y más relajado”.

-¿Por qué motivo decidiste dejar la actividad profesional?

-Para tomar le decisión de dejar de jugar profesionalmente se fueron sumando muchas cosas. Mi idea principal era venir a Quilmes, ya que iba a participar del TNA. Quería quedarme acá. Pero fue pasando el tiempo, vino el técnico (NdR: Daniel Maffei) y priorizó otros jugadores. Una vez que se cayó lo de acá, tenía el ofrecimiento de volver al norte para jugar en Alvear de Villa Ángela, Chaco, donde está Leandro Ramella. Él me había dicho que me quería, pero yo no tenía intenciones de volver a esa ciudad, que queda a 100 kilómetros de Charata, donde estuve el año pasado. No quería volver porque es una ciudad complicada, que no tiene agua potable y faltan algunos recursos. Para mí no fue nada fácil vivir allá, entonces le agradecí a Leandro pero le dije que no. Después analicé las opciones que me quedaban y no me convencían en ningún aspecto. Yo venía acumulando un gran desgaste mental que no me estaba haciendo bien y notaba que ya no disfrutaba lo que hacía. Entonces hablé con mi señora, que me apoyaba en cualquier decisión, y me incliné por no seguir jugando en forma profesional. Lo voy a seguir practicando pero desde un lugar más tranquilo, sin presión y más relajado. Fueron muchas cosas que influyeron, además mi señora está embarazada, a punto de tener familia, y no quería ir a lugares con hospitales que no tengan los recursos que sí tienen los de las ciudades grandes. Analizando lo económico, mi suegro me da la oportunidad de trabajar y tenemos proyectos en común que van bien encaminados, así que empecé a entrenar en Sporting y estoy contento.

-¿Tuviste una oferta de Quilmes?

-En realidad tenía que tomar la decisión el técnico. Él quería a (Gregorio) Eseverri y la otra opción era yo. Pero como Belgrano de San Nicolás se bajó del TNA y Eseverri se quedó sin club, se abrió el camino para que llegara él y mi posibilidad no se dio.

-El desgaste al que hacés referencia, ¿se dio sólo en el último año o ya lo arrastrabas de temporadas anteriores?

En realidad, se acumularon cosas. Cuando estuve en Lanús (NdR: temporada 2008/2009) tuve una lesión de rodilla, con acumulación de líquido, que me impidió arrancar la Copa Argentina. Estuve casi un mes parado y cuando arranqué no me pude incorporar bien al equipo y ahí me cortaron. Después terminé más o menos bien el año en Boca, pero el año pasado en Charata no la pasé bien y se fueron acumulando cosas para tomar esta decisión.

-¿Sentís que alguna vez retomaste el nivel que tuviste en Quilmes?

– No, yo creo que mis mejores temporadas fueron en Quilmes. En Independiente de Neuquén empecé bien pero cuando finalizó el año me caí mucho. Nunca le encontré la vuelta a mi rendimiento y eso me desgastó. No estaba disfrutando del juego y lo estaba sufriendo mucho. Pero por suerte me las ingenio para otras cosas y no dependo exclusivamente del básquet. Me gusta mucho la gastronomía y mi suegro me permite meterme en un restaurante. Si no me gustaría otra cosa, tendría que seguir jugando sí o sí, como les pasa a muchos jugadores. En ese sentido, soy un agradecido de poder tener herramientas para defenderme y poder sostener a mi familia sin la necesidad de jugar siempre al básquet y mudarme constantemente. Ese tema, el de las mudanzas, me desgastó demasiado. Es estresante mudarse todos los años.

-Resultó extraño tu partida de Quilmes, cuando habías tenido una buena temporada con Oscar Sánchez como entrenador, inclusive disputándole la titularidad a Javier Martínez. No la pudiste terminar por una apendicitis, pero ¿por qué creés que no continuaste?

-Creo que había sido una de las mejores temporadas, porque el plantel que se había armado era muy bueno y estaba jugando de titular en un equipo que estaba peleando en los primeros lugares. La decisión debe haber sido de los dirigentes o del técnico, que priorizó otros jugadores. Pero nunca me fui mal, al contrario, creo que en Quilmes dejé una buena imagen como jugador y como persona.

-¿Buscaste apoyo psicológico en estos años?

-Sí, el año pasado, cuando estaba en Lanús, tuve ayuda para tratar de levantar el ánimo después de la lesión. Ahí me atendí con Luz, la hermana de “Manu” Locatelli, y ella me ayudó muchísimo. En esa etapa sentí una levantada anímica y fue cuando llegué a Boca. Este año traté de seguir vía mail o por teléfono, pero no es lo mismo. Vivir donde lo hice el año pasado no es fácil, porque cuando llegué me enteré de muchas cosas que no sabía. Tenés que vivir como se hacía antes, con agua de pozo y te faltan recursos. Ahora no tenía muchas opciones y no quería pasarla mal otra vez, justo cuando mi mujer está por tener familia. No me arrepiento de la decisión que tomé, estoy tranquilo y con la cabeza metida en otras cosas y eso no me deja bajonearme. Igual agradezco al básquet por darme la posibilidad de conocer muchos amigos, de jugar en la Selección y en muchos buenos equipos. Pero creo que cumplí una etapa profesional y ahora lo viviré de otra manera.

-¿Creés que llegaste a explotar al máximo tus condiciones?

-No. Yo siento que podría haber llegado un poco más lejos. Pero no se dio, mi cabeza influye mucho y tengo muchos altibajos, entonces eso me impidió explotar como jugador para llegar más arriba. Yo por las condiciones que me veía y por los comentarios de entrenadores, siento que podía dar más. Pero no se pudo por el motivo mental.

-A la hora de las satisfacciones, te debe quedar la certeza de haber sido reconocido por la gente tanto en Peñarol como en Quilmes.

-Sí, Peñarol me dio la posibilidad de debutar en la Liga Nacional gracias al “Negro” (Carlos) Romano. Él me llamo cuando yo estaba en Unión y pude debutar en la Liga a los 18 años. En los tres años que estuve en Peñarol fui reconocido, pero esto es un trabajo y uno va donde económicamente le puede ir mejor. Por eso fue mi decisión de pasar a Quilmes.

-Además había que abonarle cierto dinero a Unión y en aquella época Peñarol no estaba en condiciones de realizar la erogación.

Sí, se habían cumplido los tres años del préstamo, había que renovarlo y el club no estaba dispuesto a pagar la cifra estipulada. Entonces apareció Quilmes, ofreció el dinero y por eso yo tomé la decisión.

-En Quilmes viviste situaciones difíciles, pero también tuviste momentos buenos. ¿Qué recuerdos te quedan?

-Me quedan los mejores recuerdos. La primera y la última temporada (NdR: 2003/2004 y 2006/2007, respectivamente) creo que fueron las mejores que tuve. Las otras que jugué en Quilmes fueron regulares, pero esas dos están por encima. En la primera terminamos sextos, con buenos promedios en lo personal y habíamos ganado los clásicos. En la última también anduvimos bien. Son buenos recuerdos, también fue lindo el apoyo de la gente y eso creo que no se olvida más.

-¿El básquet te dejó muchos amigos?

-Sí, la verdad que me dio muchísimos amigos, como Claudio Chiappero, “Junior” Cequeira, Esteban De la Fuente y varios más. Ahora voy a tener la posibilidad de ir a verlos cuando jueguen y el hecho de tener esos amigos es algo que no se paga con nada. Es una alegría y a uno lo enorgullece, porque se nota que uno fue una buena persona más allá del básquet.

Por Ricardo Juan – Diario El Atlántico

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